Dibujar un retrato cubista
El siglo XX transformó el mundo del arte con la aparición de las vanguardias, movimientos que rompieron con todas las convenciones de la representación. Entre ellas, el cubismo ocupa un lugar especial: radical, geométrico, revolucionario. En este artículo vamos a repasar brevemente sus orígenes y luego aplicaremos sus principios para crear un retrato.
¿Dónde y cómo nació el cubismo?
A principios del siglo XX, Pablo Picasso y Georges Braque le presentaron al mundo lo que muchos consideran la primera vanguardia del siglo. Desarrollado en París a partir de 1907, el cubismo pasó por varias etapas que fueron definiendo su forma.
Empezó con una fase inspirada en la idea de Cézanne de reducir la naturaleza a formas simples. Después vino la fase analítica, en la que la forma se vuelve geometría y el objeto se descompone por completo para mostrarlo desde todos sus puntos de vista. Unos años más tarde llegó la fase sintética, que buscaba imágenes más legibles a partir de composiciones con formas simplificadas.
Retrato de Pablo Picasso (1912), Juan Gris / Violín y candelabro (1910), Georges Braque
Los principios del cubismo aplicados al retrato
El cubismo se basaba en una serie de reglas que definían su estilo. Estas son las que vamos a aplicar aquí:
- Todo objeto se descompone en formas geométricas.
- En una sola imagen se deben poder ver todas las caras de un objeto.
- No hay profundidad, solo planos que conviven en la superficie de la imagen.
- Hay una fuerte influencia del arte africano y de Cézanne.
Elegir y preparar el modelo de referencia
Con estos principios en mente, toma varias fotos de tu modelo desde distintos ángulos. Es importante contar con varios puntos de vista para poder tomar elementos de cada uno y construir una imagen completa.
Recuerda también que se trata de un movimiento en el que la representación está ligada a la percepción. Quédate con los elementos que te llamen la atención y deja de lado cualquier lógica.
Dibujar un retrato cubista paso a paso
Empieza con un boceto muy general, sin rasgos faciales: la idea es solo definir el espacio en el que vas a distribuir los elementos.
Después, superpón los trazos: ubica a grandes rasgos los ojos, la nariz y la boca en la pose que elegiste y empieza a sumar otras vistas, por ejemplo, de perfil. Mantenlo simple para que el boceto no se convierta en un conjunto imposible de leer.
Agrega una tercera vista, de frente, para lograr una distribución más equilibrada. Aclara las líneas con la goma de borrar para ganar claridad. Puedes hacer este proceso superponiendo hojas de papel calca o simplemente imaginarlo: la idea es explorar los resultados posibles al combinar tres vistas distintas.
Dibujar los elementos del rostro
Toma la nariz como punto de referencia; en este caso, una nariz de perfil, que aporta más expresividad. Coloca un ojo de perfil a una distancia natural, luego sugiere la cuenca del ojo del otro lado y agrega una mirada de tres cuartos.
Sigue agregando líneas de distintos puntos de vista y fusiónalas cuando haga falta, como en los labios, que se dibujan de perfil y de frente al mismo tiempo. Algunos trazos decorativos que sugieran los volúmenes de las mejillas también pueden ser muy útiles.
Termina con el cabello. Como es un elemento más orgánico, puedes seguir una referencia o mezclar libremente las tres vistas, sin controlarlo demasiado.
La línea cumple un papel fundamental en el cubismo. Empieza con trazos gruesos que definan y simplifiquen las líneas del boceto, alejándote de la representación realista.
Cuando tengas las líneas definitivas, borra el boceto con cuidado. Si quieres, puedes agregar líneas secundarias para darle un toque estético extra.
Agregar color al retrato
Usa distintos tonos de marrón para los contornos; esto le da una riqueza cromática muy interesante. Traza líneas largas que se conecten entre sí, aunque no siempre parezca lógico. Déjate llevar por la intuición.
Para la piel, aplica lo que sabes de luz y sombra para crear distintos volúmenes superpuestos. Mantenlo simple: lo que buscamos es que las capas superpuestas se sigan leyendo bien.
Para el cabello, usa distintos tonos de marrón y ocre buscando un equilibrio cromático. Las zonas de color plano pueden ser tan llamativas como los degradados.
Terminar tu dibujo
Pinta el fondo con formas geométricas de uno o varios colores. Si usas los mismos tonos que en el retrato, la figura se integrará de forma natural con el fondo, un efecto muy característico del cubismo.
Tómate un respiro, observa tu obra y afina los detalles, las sombras, los degradados o las líneas que todavía puedan mejorar el conjunto.
¡Y listo, ya tienes tu retrato cubista, hecho más de un siglo después del nacimiento de este movimiento revolucionario! El cubismo es uno de esos estilos que liberan al dibujante: no hay reglas estrictas de perspectiva ni hace falta buscar un parecido perfecto, solo explorar formas y ángulos. ¡Hasta pronto!