Cómo controlar el agua en la acuarela
¡Hola! Hoy vamos a abordar un tema que a menudo marca la diferencia en la acuarela: la dosificación del agua. Es uno de los aspectos más delicados de dominar, pero también uno de los más importantes. Encontrar el equilibrio adecuado es entender cómo el agua y el pigmento trabajan juntos.
Comprender el papel del agua en el dibujo con acuarela
En la acuarela, el agua no es simplemente un diluyente: es el verdadero motor del medio.
Es ella la que transporta el pigmento, que crea los degradados, los difuminados, los efectos de transparencia y las texturas. Modulando la cantidad de agua, controlas la densidad del color, su luminosidad y su comportamiento en el papel.
Podemos imaginar el agua como un "director de orquesta": establece el ritmo. Demasiado presente, ahogará la melodía. Demasiado ausente, la hará seca y rígida. Encontrar la medida adecuada es aprender a escuchar este diálogo entre el color y el agua.
En la ilustración de abajo, puedes ver que el dibujo de la izquierda está demasiado diluido, mientras que el de la derecha no está lo suficientemente diluido. Cuando una acuarela está demasiado diluida pierde pigmento, en cambio, si no está lo suficientemente diluida tiene ese aspecto más cercano a la pintura acrílica o la gouache, con colores opacos pero que resultan muy secos.

Es este equilibrio el que le da a la acuarela su belleza: un color vivo pero ligero, luminoso sin ser opaco. Al trabajar con lavados bien diluidos, se pueden multiplicar las capas, crear profundidad, matices y esa impresión de luz que parece venir del propio papel.
Aquí hay un ejemplo de una acuarela perfectamente diluida donde los colores son vivos, pero aún se puede ver la transparencia.

Aprender a controlar la cantidad de agua en el pincel
El primer reflejo que debes adoptar es aprender a sentir la cantidad de agua presente en tu pincel. Cuando uno es principiante, a menudo tiende a cargarlo demasiado, lo que hace que el color sea incontrolable y el papel se empape rápidamente. Es necesario encontrar el equilibrio correcto entre un pincel empapado (el agua gotea) y un pincel escurrido (demasiado seco para difundir el color correctamente).
Una manera sencilla de evaluar esta dosis consiste en observar el brillo del pincel.
Si la punta brilla excesivamente y se forma una gota en su base, hay demasiada agua.
Si, por el contrario, la punta parece mate, sin reflejos, el pincel está demasiado seco.
Lo ideal es un brillo suave, como una ligera capa de agua homogénea sobre el pelo.

Haz una pequeña prueba en un papel de borrador. Sumerge el pincel en el agua, luego apóyalo ligeramente sobre una esponja o el borde del recipiente. Luego coloca la punta sobre el papel y observa:
Si el color se extiende inmediatamente en un charco grande, tienes demasiada agua.
Si apenas se difunde, no tienes suficiente.
Busca ese momento en que el color se extiende lentamente, suavemente, manteniéndose controlado: es ahí donde la dosificación es correcta.

El comportamiento del agua sobre el papel
Todos los papeles no absorben el agua de la misma manera. Un papel 100 % algodón retendrá el agua más tiempo y permitirá fundidos más graduales. Un papel de celulosa, por el contrario, secará más rápido, dejando menos tiempo para trabajar las transiciones.
La textura del papel también juega un papel. Un grano fino o de trapo permite que el agua circule de manera diferente: cuanto más texturizado es el papel, más se adhieren los pigmentos en los huecos, creando efectos naturales.
Consejo: Si tu papel se seca demasiado rápido, rocía ligeramente agua sobre el área que necesitas retrabajar con un atomizador. Esto te dará unos segundos adicionales para suavizar las transiciones sin empapar la hoja.
Manejar el momento del pincel
El momento en que colocas tu pincel sobre el papel es tan importante como la cantidad de agua.
En papel mojado, el color se difunde libremente: es perfecto para los cielos, los fondos, las atmósferas ligeras.
En papel húmedo, tienes un control parcial: los bordes se fusionan suavemente, creando transiciones sutiles.
En papel seco, el color permanece nítido, preciso, perfecto para los detalles o los toques finales.
Saber en qué estado está tu papel es aprender a trabajar con el tiempo. La acuarela es un baile entre el pincel y el secado: ni demasiado pronto, ni demasiado tarde.

Encontrar tu propio equilibrio
Cada acuarelista desarrolla con el tiempo su propia relación con el agua. Algunos prefieren los lavados muy fluidos, casi impredecibles, mientras que otros optan por texturas secas y precisas.
Lo más importante es experimentar, observar y sentir.
Tómate el tiempo de probar tus pinceles, tus papeles y tus pigmentos. Algunos absorben o retienen el agua de manera diferente. Solo practicando reconocerás el momento ideal, aquel en que el color se desliza perfectamente sin desbordarse.

En conclusión, dominar la dosificación del agua requiere un poco de práctica, pero es lo que le da toda su magia a la acuarela. Con el tiempo, sabrás por instinto encontrar el equilibrio perfecto entre agua y pigmento.
Y si quieres ir más allá, el curso de acuarela te guiará paso a paso para entender el color, los lavados y las superposiciones, para que puedas pintar con ligereza y confianza.
Redactora e ilustradora: Chloé Pouteau
Merci pour cet article clair et pratique
superbe ! en plus j'aime trop l'aquarelle !!